Surtido

Corazones creativos.

Hace unos meses leí el libro Aprende a promocionar tu trabajo, de Austin Kleon. En ese libro el autor da pistas tan simples como inspiradoras para los que, focalizados en el trabajo, nunca tienen tiempo de pensar cómo venderlo. El autor se apoya en frases de personajes célebres para argumentar y hubo una que me resonó en particular. La frase de John Cleese decía: La creatividad no es un talento. Es una forma de operar. Enseguida pensé en todas las veces que tuve que reinventarme para sobrevivir al mundo hostil de la clavada como la madre de las normas y con normas como la vida contrarreloj, la exigencia de que todas las ideas viajen a Cannes y el concepto de que todo lo que no entraba en ese combo era el laburo que había que hacer “porque tocaba”. ¿Puede haber tres cosas más enemigas de la creatividad que el exitismo, el tiempo sin tiempo y el desvalor del laburo diario?

Los creativos que sintieron que las estructuras les quitaban su elemento vital tuvieron que salir a demostrar que eran mucho más que dotados creadores de titulares o armadores de artes y originales. Y haciendo honor a la frase de Cleese operaron con creatividad para reinventarlas.

Agrupaciones virtuales de freelancers, proliferación de espacios de coworking, herramientas de trabajo colaborativo y nuevas redes sociales como VERO, que conectan a los usuarios desde sus consumos culturales y de entretenimiento, son solo algunos detalles que en conjunto hablan de una nueva realidad: hay un nuevo modo de trabajar, acorde a una generación nueva de trabajadores que entienden por éxito algo muy distinto al ascenso en un esquema de trabajo impuesto; profesionales que descartan el viejo exitismo y ponderan el éxito de que la inspiración los encuentre trabajando relajados y mucho más felices. Que arman una carrera laboral con matices propios sin olvidar la vocación y el oficio, y que se ponen al servicio del trabajo, porque ahí vive y crece su verdadera razón profesional.

Trabajan quizás más horas, pero son horas distintas; son horas destinadas a elaborar la mejor forma. Los tiempos vivos de la investigación, el shareing de información, estéticas y nuevas formas de hacer, le ganan a los tiempos muertos del descanso en el pasillo. Las horas de calidad dedicadas al trabajo de calidad, le dan una impronta personal y de mayor compromiso al resultado, lo que redunda en relaciones de trabajo más confiables y un vínculo más cercano y saludable entre laburantes y clientes.

Hace 10 años era casi imposible pensar en estructuras de trabajo flexibles al extremo de contratar empresas ya no solo sin oficinas, sino también sin equipos de trabajo estables; donde la estructura cambie cuando los proyectos lo hacen y todo vaya mutando cada día y a la carta. Hoy, eso ya es una verdad indiscutible porque las formas cambiaron, las necesidades cambiaron y las cabezas tuvieron que ir detrás.

Si las estructuras flexibles viven en medio de las formales y rígidas; si emergen formas nuevas cada vez, en medio de las super conocidas; si crecen las necesidades de contacto cara a cara que tiende puentes donde antes no los había, ¿quiere decir entonces que hay luz al final del camino? Quizás sí. Quizás sea la de cientos de corazones creativos (no sólo publicitarios) latiendo sueltos pero en red, queriendo hacer las cosas a su modo y bien.